sábado, 4 de mayo de 2013

¿Y qué si no quiero mantener la calma?

 Furia, ira, enojo. Las sensaciones más destructivas que conozco y con las que mejor me llevo.
Hay días que me siento adentro de La Naranja Mecánica. Soy un Alex cualquiera, necesitando un poco de la vieja ultra violencia. Pero no en un sentido físico, sino todo en un estado mental.
 Estar enojado con mis pensamientos, furioso con mis sueños, ir por ahí queriendo asesinar la indiferencia. No mi indiferencia, porque no soy indiferente. Me importa lo que sienten las personas que realmente me importan. Pero esa indiferencia que suelen tener esos pelotudos que no tendrían que tenerla, por lo menos no conmigo. Me refiero a mi familia.
 Todos en algún momento de nuestra adolescencia nos sentimos ignorados. Y algunos lo sufren más, otros lo sufren menos, otros los disfrutan, otros no saben qué significa, pero es seguro que lo sentimos. Lo peor de todo es que cuando te sentís así, a quién recurrís? Si te ignora tu familia (o por lo menos eso sentimos) tenemos que recurrir a nuestros amigos, y acá entra mi problema.
 No hablo con mis amigos porque ellos tienen sus propios problemas, tienen que lidiar con su familia y mil cosas más, y no me parece copado meterle un problema más. Por lo general pienso que puedo solo con todo esto. Todos podemos salir adelante, pero hay veces que necesitas un empujón de alguien de afuera, que te pueda entender. Con que alguien te entienda es suficiente, al menos así lo siento yo. No necesito que me solucionen el problema, o la vida, con un: "te entiendo" es más que suficiente.
 Pero soy adolescente y lo que mejor me sale es andar exagerando las cosas porque sí. Capaz que esto que escribí no es tan así, pero justo ahora así lo siento. Ser así, tan reservado, a veces me ayuda y a veces no. Ahora no me está ayudando.

(LA PUTA MADRE, QUIERO PUBLICAR UNA IMAGEN Y NO PUEDO.)

No hay comentarios:

Publicar un comentario