viernes, 17 de enero de 2014

Camino de la cocina a mi habitación y de mi habitación a la cocina reiteradas veces sin poder dormir, aburrido, de noche y con las luces apagadas. Pregunto por mi tía. Llamo a mi tía y grito por mi tía. Todo es muy real, muy palpable, pero sé que es un sueño.

Se levanta mi mamá y me dice que mi tía no está, que hoy no vino, y que me vaya a acostar porque ya era tarde. No era un sueño. ¿Era real? Aparentemente sigo confundiendo los sueños con la realidad.

Estoy incómodo, confuso y hablo en un tono desesperado:
Mamá no te vayas, quedate conmigo. La sigo hasta la puerta de su habitación.
¿Qué te pasa?
Otra vez me confundo los sueños con la realidad.

Mamá, no puedo verte la cara. MAMÁ NO PUEDO VER CON CLARIDAD. Veo todo borroso, estoy en una crisis nerviosa que no soporto. Aparece una mujer.

¿Quién es ella? Mamá, hay una mujer al costado nuestro. ¿Quién es? No le puedo ver los ojos. ¡Mamá!.
Chau.

No, mamá, no me dejes. No entiendo nada.
Ahí pierdo la voz. Me quedo mudo. Agarro a mi mamá del brazo, sin poderla ver bien todavía, intento llorar en su hombro,
pero no puedo.

Me abraza, la abrazo y no siento nada. Por fin me despierto. Agitado y asustado pienso en cómo hago para no diferenciar la realidad de algo tan horrible como los sueños.