¿Puede la vida de un adolescente de dieciséis años ser aburrida? Creo que no. La adolescencia puede ser muchas cosas pero nunca algo aburrido. De hecho, creo que la adolescencia son varios sentimientos encontrados, un gran desorden de emociones que algún día se va a ordenar (que, en realidad, se tiene que ordenar). Oskar también pensaba lo mismo.
Oskar era un adolescente sueco de dieciséis años. Un fanático del cine. Quentin Tarantino y George Romero eran sus directores favoritos. También era un amante del rock alternativo de los 80s. Siempre dijo que Morrissey había salvado su vida con su música.
Era un escritor amateur o, al menos, él se consideraba uno. Tenía una atracción especial por la poesía oscura de Sylvia Plath y las novelas de Stephen King. Usaba la literatura para expresarse en cualquier lugar que podía.
Tenía un cuaderno viejo lleno de frases que identificaban su estado de ánimo usual, por ejemplo: “En una escala del uno al diez me voy a morir solo.” Y también escribía sobre lo que le pasaba en el día y cómo se sentía respecto a eso: “Hoy me compré un cactus, lo regué, y ya me cae mejor que mucha gente que conozco.” Al igual que todos, tenía un miedo. Y ese miedo era la soledad: “Cada criatura viva sobre la Tierra muere sola. No quiero estar solo.”
De hecho, él vivía en su mayor miedo (o por lo menos eso sentía él). Oskar disfrutaba de la soledad. Le gustaba estar solo, pero no le gustaba sentirse solo. De cualquier manera él sabía que tenía gente con él, acompañándolo, pero nunca pudo evitar este sentimiento. Ni siquiera con cien personas a su alrededor.
Los ingleses usan el verbo “to be” para referirse a “ser” o “estar”. Oskar nunca los entendió. ¿Cómo hacían para que los verbos “ser“ y “estar” sean lo mismo para ellos? Ser aburrido o estar aburrido es muy distinto desde su punto de vista.
Estar solo o sentirse solo también era algo muy distinto. Cuando se sentía solo su única compañía eran las películas y los libros, pero no es que no tenía amigos o alguien en quién confiar. De hecho tenía muy buenos amigos, pero odiaba mostrarle sus problemas en busca de consejos o ayuda; y simplemente porque creía que sus amigos tenían sus propios problemas como para ocuparse de los de él.
Tampoco le gustaba parecer alguien sensible frente a los ojos de los demás. Él veía a la gente sensible como los débiles. Al poco tiempo se dio cuenta de que todos somos sensible de mayor o menor manera, y eso no significa que todos seamos débiles. Significa que nadie es lo suficientemente fuerte para lidiar con su vida solo.
Oskar siempre pensó en su futuro, y siempre se veía solo. A él nunca le gustaron los compromisos, ni mucho menos dejar de ser el centro de su vida. Era un egoísta y no quería que nadie en su vida sea más importante que él y su felicidad.
Pensaba que tener una pareja (indiferentemente si sea hombre o mujer) era compartir el mismo nivel de importancia y tener su felicidad dependiendo de la felicidad del otro. Y no le gustaba eso. Mucho menos pensar en tener un hijo. Para un padre un hijo tiene que ser lo más importante, incluso más allá de su propia felicidad.
Siempre vio al hijo y al matrimonio como una opción para dejar de estar solo, pero ¿y si seguía sintiéndose solo? Habría sacrificado su felicidad sin sentido. Oskar siempre tan indeciso y lleno de miedos.
Ambivalente era su palabra favorita. Nunca supo bien su significado, pero le gustaba cómo sonaba. El hecho de no saber el significado de una palabra le parecía misterioso. Y el mismo se consideraba alguien misterioso, porque en el momento que se decidía a pensar en algún tema específico pensaba cosas que jamás se habría imaginado.
Una vez, pensando en los estándares de belleza, concluyó que vivimos en una cultura basada en lo falocéntrico, y comparó el cuerpo desnudo de la mujer con el pene. A parte de eso también pensó en el suicidio como una forma de escapar de la soledad, pero el suicidio siempre es una opción, y nunca una salida. Entonces pasó a ser una idea descartada. También llegó a pensar en el homicidio, pero seguro si asesinaba a alguien iba a tener problemas más preocupantes que su propia soledad. Idea descartada.
Más allá de lo misterioso de sus pensamientos nunca llegó a una solución para su soledad. Quizás simplemente la solución llegue por sí sola personificada en el amor de su vida. Lo único que sabe es que en una escala del uno al diez no se quiere morir solo.